Este espacio nace con una intención clara: no ser un simple bar doméstico, sino un lugar con identidad propia dentro de la vivienda. Un cambio de ritmo. Un pequeño paréntesis nocturno.
El proyecto parte de los tonos intensos ya presentes en la vivienda y los lleva a un ambiente más íntimo y envolvente. La inspiración surge del imaginario de los bares clandestinos de principios del siglo XX: espacios de luz contenida, materiales expresivos y una atmósfera pensada para la conversación y el encuentro. No como una recreación literal, sino como una interpretación contemporánea de esa sensación dentro de una villa actual.
La barra se convierte en el elemento protagonista. Un volumen volado que se despega del suelo y concentra la atención, combinando cerámica esmaltada, madera de nogal y mármol Rojo Alicante para crear profundidad, calidez y una fuerte presencia material.
Al fondo, un espejo amplía visualmente el espacio, mientras las estanterías de mármol retroiluminadas crean una composición ligera y suspendida donde las botellas adquieren casi el carácter de piezas decorativas. La iluminación, baja y puntual, equilibra la intensidad de los materiales y construye una atmósfera más teatral.
Las cortinas de terciopelo terminan de envolver el conjunto, filtrando la luz y reforzando su carácter íntimo. El resultado es mucho más que una estancia funcional: una pequeña escena dentro de la casa que cobra vida al caer la noche.
Una vivienda unifamiliar de una sola planta situada en la Sierra de Marnes, en la Costa Blanca, profundamente vinculada a la arquitectura tradicional del lugar.
El proyecto toma como punto de partida el riurau, reinterpretado como un elemento continuo que recorre toda la vivienda y la convierte en un pasaje habitado. Más que un espacio de transición, este gesto estructura la casa y articula la relación entre interior, exterior y paisaje.
La arquitectura se organiza de manera horizontal, adaptándose al terreno y buscando una relación directa con el entorno. Los espacios interiores se abren al riurau, generando sombras, recorridos y una secuencia de estancias que se viven de forma pausada.
Materiales honestos y una paleta contenida refuerzan el carácter sereno de la vivienda, donde tradición y contemporaneidad conviven sin nostalgia.
Se propone una forma de habitar ligada al clima, al tiempo y al paisaje, entendiendo la arquitectura como un marco tranquilo para la vida cotidiana.
Una vivienda unifamiliar aislada que nace de una voluntad clara: construir una arquitectura contenida, esencial y profundamente vinculada al lugar.
Situada frente al paisaje agrícola de la huerta valenciana, la vivienda busca integrarse sin imponerse, reinterpretando las formas de habitar propias del contexto. Porches y patios protegen y articulan los espacios, generando una arquitectura que, al mismo tiempo,
mantiene una relación constante entre interior y exterior. Esta tensión entre protección y apertura se convierte en una de las principales herramientas del proyecto.
Patios, aperturas y recorridos construyen una secuencia de espacios que conectan las distintas partes de la vivienda. La arquitectura no establece una frontera rígida entre dentro y fuera, sino que genera una transición continua que permite disfrutar de la luz natural, favorecer la ventilación cruzada y hacer que el paisaje forme parte de la vida cotidiana.
La materialidad responde a esta misma voluntad. Una selección sobria y honesta de materiales busca dialogar con el entorno, resistir el paso del tiempo y aportar una identidad serena al conjunto.
Casa Hort propone, así, una arquitectura cercana y silenciosa, donde cada decisión responde a una forma de habitar más pausada, abierta al exterior y consciente de su contexto.
Óptica Maria Alarcón nace de la voluntad de crear un espacio que trasladara la personalidad de María a su nueva óptica: cercana, detallista y sensible. Más allá de resolver las necesidades funcionales de un espacio comercial, el proyecto busca construir una experiencia acogedora y reconocible, alejada de la imagen aséptica asociada tradicionalmente a este tipo de establecimientos.
El diseño se articula mediante un sistema de mobiliario a medida que organiza el recorrido y estructura las diferentes áreas de atención. Las piezas se integran de forma natural en el espacio, combinando funcionalidad y una escala más doméstica.
La paleta cromática se convierte en uno de los elementos principales del proyecto. Un tono cálido y envolvente recorre paredes, techo y mobiliario, generando una atmósfera serena y cohesionada. Los materiales y la iluminación complementan esta base, aportando calidez, profundidad y una sensación de confianza.
Algunos elementos recuperados de la antigua óptica —parte del mostrador, unas baldas y una lámpara— se incorporan al nuevo espacio como piezas con valor emocional, conectando la historia anterior con esta nueva etapa.
El resultado es una óptica que busca transmitir algo más que profesionalidad: un espacio cercano, cuidado y pensado para poner a las personas en el centro.
Construida en los años 70, la vivienda original había ido acumulando ampliaciones y diferentes volúmenes que terminaron por fragmentar tanto su imagen como su relación con el exterior.
La reforma parte de una operación clara: ordenar, unificar y conectar. Una nueva envolvente curva integra los diferentes volúmenes y oculta las cubiertas inclinadas, dando al conjunto una lectura más continua y contemporánea.
En el exterior, pérgolas y terrazas generan nuevos espacios intermedios entre la casa y el paisaje. En el interior, la apertura de los espacios principales hacia el jardín y la piscina refuerza la continuidad entre dentro y fuera.
Revocos claros, madera y piedra construyen una atmósfera cálida y atemporal, mientras que las formas curvas y el mobiliario integrado dan identidad al conjunto. El resultado es una vivienda más abierta, coherente y conectada con su entorno.
Casa Beniver es una vivienda unifamiliar de nueva planta situada en una parcela en pendiente, con vistas abiertas al paisaje mediterráneo.
El proyecto busca equilibrar una geometría contemporánea con una materialidad vinculada a la tradición local, reinterpretando elementos propios de la arquitectura mediterránea como el muro de piedra, la cubierta inclinada y los espacios intermedios que conectan el interior con el exterior.
La vivienda se organiza en dos niveles escalonados que se adaptan a la topografía del terreno. Las estancias principales se sitúan en la planta superior, abiertas hacia una terraza con piscina, mientras que el nivel inferior se concibe como un basamento pétreo que acoge el acceso y las estancias más vinculadas al terreno.
La piedra natural, la cerámica artesanal y la madera construyen una atmósfera cálida y atemporal, donde la luz, las sombras y la relación con el paisaje refuerzan una sensación de calma y privacidad.
Este proyecto propone una arquitectura esencial y honesta, arraigada al lugar, al clima mediterráneo y a una forma pausada de habitar.
Ubicada en l’Horta Sud, en Valencia, Casa Escaleta se esconde tras una estrecha escalera de acceso desde la calle, una configuración característica de muchas viviendas de la zona. Tras su fachada, una casa de pueblo con más de cien años de historia que el proyecto transforma para adaptarla a una forma de vida contemporánea.
La intervención parte de la distribución existente, eliminando compartimentaciones para crear una vivienda más amplia y fluida. Durante la obra salieron a la luz elementos que habían permanecido ocultos y que terminaron definiendo parte del proyecto: la estructura inclinada de madera de la cubierta y las baldosas hidráulicas originales.
La vivienda se organiza alrededor de una gran sala diáfana, con la cocina como núcleo de la vida cotidiana y los dormitorios situados en ambos extremos. Junto al muro de ladrillo caravista recuperado, una nueva escalera de caracol conecta con la terraza de cubierta, ampliando la vivienda hacia el exterior.
Vigas de madera, suelos hidráulicos, la puerta de doble hoja y las antiguas barandillas de los ventanales permanecen visibles, integrándose en la nueva arquitectura.
Casa Escaleta recupera lo esencial de una casa con historia para construir una nueva forma de habitarla.
Situado en la Costa Blanca, este apartamento de 80 m² se abre al Mediterráneo a través de un único gran ventanal. Su distribución original, propia de los años 70, estaba organizada alrededor de un largo pasillo que dividía los espacios y limitaba la entrada de luz.
La intervención parte de esta condición para transformarla. Dos volúmenes se introducen en la vivienda para organizar el programa sin fragmentar el espacio: uno contiene el baño y el otro el dormitorio de invitados. Entre ambos, un espacio flexible puede funcionar como vestidor, despacho o zona de lectura y, en el futuro, convertirse en una habitación.
Esta nueva organización permite que la luz y la ventilación recorran la vivienda con mayor libertad, generando una mayor sensación de amplitud y continuidad en un espacio estrecho y alargado.
Los materiales y las tonalidades acompañan esta intención. Colores neutros y texturas naturales aportan calidez y serenidad, manteniendo el espacio despejado y ligero.
Casa Horitzó propone así una nueva forma de entender una vivienda de proporciones estrechas: un espacio continuo y fluido, donde cada estancia se relaciona con las demás y la luz se convierte en el elemento que las conecta.
El nuevo espacio de RUVI Joyeros en Chiva parte de un local completamente diáfano, entendido como una oportunidad para construir una nueva identidad desde la arquitectura y acompañar la evolución de una empresa familiar que alcanza ya su tercera generación.
El proyecto se articula alrededor de un elemento común: la curva. Un gesto que aparece a diferentes escalas —en el falso techo retroiluminado, las vitrinas de entrada, la cortina envolvente de la zona privada o incluso en la manilla de acceso— y que conecta las distintas partes del espacio bajo un mismo lenguaje.
Un gran plano revestido en superficie mineral azul profundo adquiere el protagonismo y organiza visualmente el interior. Su geometría genera un efecto de embudo que guía el recorrido hacia el interior de la tienda, mientras la madera de roble natural introduce calidez y equilibrio.
El mobiliario, diseñado a medida, integra exposición, almacenamiento y seguridad en un conjunto limpio y contenido. La iluminación combina luz indirecta y acentos puntuales para acompañar el producto y crear una atmósfera serena donde arquitectura y joyería conviven en equilibrio.
En la fachada, un revestimiento inspirado en una de las primeras joyerías de la familia en Buñol conecta la nueva tienda con la historia de la marca, reinterpretándola desde un lenguaje contemporáneo.
Un espacio que combina identidad, oficio y evolución, construido a través de la geometría, la materia y la luz.
En el corazón de Benetússer, Somnis de paper se transforma en mucho más que una librería: un espacio de encuentro donde los libros conviven con la vida cultural del municipio.
El proyecto recupera un antiguo local bancario para convertirlo en un espacio cálido, abierto y flexible, capaz de acoger tanto la actividad cotidiana de la librería como presentaciones, talleres y encuentros. Un gran mostrador y dos islas organizan el espacio central, mientras un recorrido perimetral continuo reúne las diferentes categorías y llena el interior de libros.
La materialidad busca reforzar su carácter doméstico y cercano. El verde agua de la cerámica, la madera de pino natural y un pavimento de textura serena construyen una atmósfera cálida y reconocible. Sobre el espacio central, las lámparas de papel introducen un gesto lúdico que contrasta con una iluminación más contenida en las zonas de lectura.
Una librería entendida como espacio cultural, lugar de encuentro y parte activa de su comunidad.